– ¡No está mal!… -respondió Antioche-. ¿Tienes intenciones?

– ¡La amo! -dijo el Mayor.

Capítulo III

Antioche tenía un aire soñador.

– Escucha -dijo-, no tengo la intención de dejarte hacer tonterías. Hoy voy a ocuparme un poco de ella y después te diré si te conviene.

– Verdaderamente eres un buen amigo -dijo el Mayor.

Capítulo IV

La surprise-party empezaba bien. Fenómeno normal cuando todos los invitados llegan más o menos al mismo tiempo. Caso contrario, durante las dos primeras horas sólo están los papanatas sin interés, que llegan siempre los primeros con postres caseros, que son un fiasco, pero asimismo excelentes. Al Mayor no le gustaba este tipo de postres, además, sus surprise-parties se bastaban a sí mismas porque proveían el líquido y el sólido. Eso le daba cierta independencia con respecto a sus invitados.

Digresión

Es muy deprimente encontrarse por descuido en una surprise-party que tiene un mal comienzo.

Porque el dueño -o la dueña- de casa se queda en la sala vacía con dos o tres amigos adelantados sin ninguna linda chica porque una chica linda siempre se atrasa.

Es el momento elegido por su hermanito para exhibiciones aventuradas -luego no se atreverá a hacerlo-. Y sobre todo, estaría sujeto.

Y uno mira a esos dos o tres desdichados adoptar poses plásticas en la pieza con parquet recientemente encerado, imitando a uno o a otro -pero esos saben bailar realmente-.

Luego ellos tampoco se atreverán.

Imagínense entonces que llega no tan temprano. Cuando la fiesta está en su apogeo. Entra. Los buenos amigos le palmean la espalda. Aquellos a los que usted no quiere darles la mano ya bailan -siempre bailan y es por eso que usted no está totalmente de acuerdo con ellos- y de una mirada ve si hay chicas disponibles. (Una chica está disponible cuando es linda.) Si hay, todo anda bien: entonces empieza la surprise-party, ellas no han sido muy invitadas ni muy peligrosamente exploradas, porque los muchachos que vinieron solos -por timidez la mayor parte- no bebieron lo suficiente como para tener audacia. Usted que no tiene necesidad de beber para tener audacia, también, ha venido solo.



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