No trate de ser ingenioso. Ellas nunca comprenden. Las que comprenden ya están casadas.

Hágala tomar con usted. Es todo.

Usted tiene entonces la ocasión de desplegar prodigios de picardía para encontrar una botella de algo.

(La toma simplemente del escondrijo que acaba de indicarle a algún recién llegado, no muy informado.)

Escóndala en su pantalón. Sólo el cuello sobrepasa la cintura. Vuelva a su presa. Adopte un aire anodino, con un toque de misterio. Tómela del brazo, hasta de la cintura, y dígale muy bajo: "A usted le toca buscar un vaso uno solo alcanza para nosotros dos, yo me defiendo… Chut…".

Después usted se infiltra en la pieza vecina. ¿Está cerrada con llave? ¡Vaya! ¡Qué casualidad! En el interior el Almirante. Es un camarada. Por supuesto, no está solo. Usted da en el tabique tres golpes pequeños y uno grande, o siete golpes medianos y dos pequeños según el arreglo hecho con el Almirante. Apenas entra vuelva a cerrar rápidamente con llave y no espíe demasiado para el lado del Almirante que vuelve a ponerse en posición de guerra. No se ocupa de usted, absorbido por la delicada maniobra que consiste en insinuar su mano por la abertura lateral de la pollera de su compañera chica inteligente y vestida inteligentemente. Saque su botella que le da frío, sin precauciones estupefectativas porque el Almirante tiene la suya. Quédese cerca de la puerta para escucharla golpear cuando ella vuelva…

Y ella no vuelve…

Para sobrellevar ese golpe descorche la botella. Tome un buen trago… ¡Atención! ¡No más de la mitad! Tal vez quede alguna esperanza…



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